Ella
Se hace llamar Muv porque no puede estarse quieta.
Usa unas botas altísimas y algún día - comenta con impunidad- será un suceso editorial.
Camina buscando algo en el piso pero no puede decir qué. Algo encontraré, suele repetir, todo está en el piso, siempre.
El flequillo le tapa la cara y casi nunca ríe a carcajadas.
No para de fumar. En cada beso al filtro le va la vida o un poco menos, pero insiste en ese vicio, casi el único que tiene en estos días.
Escucha sólo música triste.
Cualquier canción con voz de papel roto la toca, la envuelve y se deja llevar, aunque cada vez se aleja menos.
Esta chica tiene miedo.
Nadie puede andar con el corazón en la mano los trescientos sesenta y cinco días del año, las veinticuatro horas del día.
Esta chica tiene miedo pero ya no a que le rompan el corazón, sino a que de tanto romperse, un día, no tenga arreglo.
Una cicatriz le corta el cuerpo en dos.
Una promesa de vida o algo así; todas las cicatrices son para una vida mejor. Una ese le recorre el abdomen, le acaricia el estomago.
Esa soy yo -dirá cuando alguien le pregunte- una acumulación de heridas y dejará caer esa mueca tonta que hace con la cara, frunciendo la nariz e imitando una sonrisa.
Esa soy yo, sí, eso es lo que dirá. A veces, se agradecen las cicatrices, comentará y volverá a echarse el flequillo hacia atrás.
Cosas de mujeres.
De mina, repetirá ella, con la desfachatez que suele caracterizarla cuando se siente cómoda y evitaría mirarme a los ojos porque si me mirara, ay, si me mirara, se desvanecería en el aire sintiéndose descubierta.
Muv camina por la ciudad. No le importa mucho que pueda sucederle. Con el corazón roto a nadie le importa.
Usa unas botas altísimas y algún día - comenta con impunidad- será un suceso editorial.
Camina buscando algo en el piso pero no puede decir qué. Algo encontraré, suele repetir, todo está en el piso, siempre.
El flequillo le tapa la cara y casi nunca ríe a carcajadas.
No para de fumar. En cada beso al filtro le va la vida o un poco menos, pero insiste en ese vicio, casi el único que tiene en estos días.
Escucha sólo música triste.
Cualquier canción con voz de papel roto la toca, la envuelve y se deja llevar, aunque cada vez se aleja menos.
Esta chica tiene miedo.
Nadie puede andar con el corazón en la mano los trescientos sesenta y cinco días del año, las veinticuatro horas del día.
Esta chica tiene miedo pero ya no a que le rompan el corazón, sino a que de tanto romperse, un día, no tenga arreglo.
Una cicatriz le corta el cuerpo en dos.
Una promesa de vida o algo así; todas las cicatrices son para una vida mejor. Una ese le recorre el abdomen, le acaricia el estomago.
Esa soy yo -dirá cuando alguien le pregunte- una acumulación de heridas y dejará caer esa mueca tonta que hace con la cara, frunciendo la nariz e imitando una sonrisa.
Esa soy yo, sí, eso es lo que dirá. A veces, se agradecen las cicatrices, comentará y volverá a echarse el flequillo hacia atrás.
Cosas de mujeres.
De mina, repetirá ella, con la desfachatez que suele caracterizarla cuando se siente cómoda y evitaría mirarme a los ojos porque si me mirara, ay, si me mirara, se desvanecería en el aire sintiéndose descubierta.
Muv camina por la ciudad. No le importa mucho que pueda sucederle. Con el corazón roto a nadie le importa.


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